Sturmtruppen en la IWW

Durante la Primera Guerra Mundial, en la estancada guerra de trincheras, donde cada palmo de terreno que se conquistaba era a costa de un enorme número de bajas, varios miles de hombres jóvenes eran enviados a una muerte segura en absurdos ataques frontales contra las líneas del enemigo.

Las naciones europeas seguían anticuadas utilizando tácticas de guerra de un siglo antes. Tácticas utilizadas desde las Guerras Napoleónicas y durante buena parte del siglo XIX. Los mariscales y generales de los ejércitos enfrentados seguían creyendo en la efectividad de las demoledoras cargas de caballería, del bombardeo sistemático de las posiciones enemigas o las grandes masas compactas de infantería atacando de frente y/o con operaciones de flanqueo.

En pocos meses los ejércitos se enterraron en el barro de las trincheras, protegiéndose con alambre de espino y sacos terreros, soportando el continuo y sistemático bombardeo de los cañones del enemigo. Aunque era un invento anterior su uso generalizado fue en la Gran Guerra, la ametralladora hizo su aparición en todos los frentes, con su repiqueteo mortífero era capaz de desbaratar el ataque de cientos de hombres.
A finales de 1914, las líneas de trincheras de ambos bandos se habían estancado. Desde el mar del Norte hasta Suiza, con una longitud de unos 800 kilómetros, se cavaron intrincadas trincheras enemigas enfrentadas, estas líneas apenas variaron en los siguientes años de la PGM.
Las numerosas trincheras enemigas, en el Frente Occidental, estaban salpicadas de multitud de nidos de ametralladoras y, entre ellas, la denominada tierra de nadie se encontraba sembrada de enrevesadas filas de alambres de espino. Mientras, en la retaguardia, la artillería de uno y otro bando vomitaba continuamente su mortífera lluvia de obuses.

Los ataques al enemigo consistían en asaltos de infantería en orden cerrado cargando con la bayoneta calada. Después de atravesar la tierra de nadie mientras eran barridos por las ametralladoras sufriendo cientos de bajas, los que conseguían llegar a la trinchera enemiga se tenían que enfrentar a unos defensores, mucho más descansados que ellos. Se luchaba, cuerpo a cuerpo, con todo tipo de armas blancas: bayonetas, palas afiladas, mazas artesanales, la munición que aún hubiera en el fúsil y … alguna que otra granada.
Una vez limpia la trinchera, los pocos que habían conseguido sobrevivir, estaban agotados y debían prepararse para el contraataque con tropas de refresco que eran enviadas para recuperar el terreno perdido. Por todo lo expuesto, es lógico pensar que los asaltos a las posiciones enemigas fueran prácticamente imposibles.

Las tácticas anticuadas que se utilizaban eran inútiles para la guerra de trincheras y por ello las líneas del frente se mantuvieron casi sin variación desde casi el principio de la Guerra. Conseguir avanzar unos pocos cientos de metros era una labor que implicaba una enorme y absurda pérdida de vidas jóvenes o en el mejor de los casos multitud de heridos con horrorosas mutilaciones de por vida.
En el ejército alemán, con el fin de abrir brechas en las complicadas e intrincadas líneas de defensa enemigas, surgió un nuevo tipo de soldado especializado: las tropas de asalto.
Estas tropas de asalto fueron los denominados Sturmtruppen, literalmente tropas de la tormenta, y fueron capaces de revolucionar las tácticas de Guerra. Los hombres que componían estas unidades eran denominados Sturmmann traducido como hombre de la tormenta.

Los sturmtruppen formaban las unidades de élite encargadas de desmoronar las defensas enemigas y así, permitir el avance del resto del ejército. Estos hombres se entrenaban para atacar las trincheras enemigas mediante tácticas de infiltración.

En 1915, el capitán Willy Rohr (1877-1930), cambió las tácticas de ataque. Su destacamento de asalto estaba formado por dos compañías de ingenieros, una sección de cañones, un pelotón de ametralladoras, otra sección de lanzallamas – Flammenwerfer-, y una escuadra con morteros. Sustituyeron los cañones Krupp alemanes por otros capturados a los rusos que poseían una mayor potencia de fuego.
El equipo y armamento de estas tropas de élite fue convenientemente modificado. Las botas altas se cambiaron por otras más ligeras de caña corta, los codos y rodillas del uniforme se reforzaron con placas metálicas para facilitar el arrastre por debajo de los alambres de púas, se les equipo con dos grandes bolsas de lona para transportar las granadas, se desecharon corazas y escudos para ganar en ligereza y optimizar el avance dejando como única protección el nuevo casco de acero introducido en el Ejército Alemán.
Asimismo, en cuanto al armamento se cambió el fúsil Mauser 98 por una carabina de caballería, más corta y cómoda de transportar; a los servidores de ametralladora y a los portadores de lanzallamas se les suministró sendas pistolas para su protección, también estaban dotados de cuchillos de trinchera y palas afiladas para el combate cuerpo a cuerpo.

Grupos de tres o cuatro stustruppen se infiltraban en las trincheras enemigas y destruían los nidos de ametralladoras con los lanzallamas y las granadas despejando así el ataque del resto de la tropa. El lanzallamas causaba verdadero pavor, era capaz de lanzar un chorro de combustible ardiendo desde una distancia de unos 20 metros destruyendo todo lo que encontraba a su paso.

El primer hombre protegido con el soporte de una ametralladora como escudo, cortaba el alambre de espino con unos grandes alicates cortacables. Detrás avanzaban los otros dos o tres hombres portando sus bolsas de lona con numerosas granadas, lanzallamas y armas blancas (palas, garrotes y cuchillos), estos hombres se encargaban de cubrir al que va en la cabeza del ataque.
Mientras eso hacían los infiltrados las secciones de apoyo de estas tropas de élite, el resto de la unidad dotada con los cañones, morteros y ametralladoras les cubría disparando contra los bunkers enemigos.
En octubre de 1915, en los Vosgos, un grupo de sturmtrupper, liderados por el capitán Rohr, llevó a cabo su primera misión con un éxito tan rotundo que en diciembre los hombres que habían participado en el ataque fueron encargados de entrenar a otras unidades enseñándoles, en breves cursos, sus tácticas de combate.

A principios de 1916 se formaron numerosas compañías de asalto –sturmkompanie– que participaron en la batalla de Verdún. A partir de entonces se crearon, de forma estandarizada, unidades de asalto en todas las divisiones.
Los Sturmtruppen se convirtieron en un mito, llegaron a ser considerados unos nuevos héroes románticos que se sacrificaban sin miedo a la muerte.
En 1918, las tropas de asalto fueron equipadas con el subfúsil Bergman MP18, con lo que ganaron en eficacia pues aumentó enormemente su potencia de fuego.
Sus grandes capacidades se compensaban con algunos privilegios, no pasaban mucho tiempo en las embarradas trincheras, dormían en retaguardia y solo acudían al frente para desarrollar sus tácticas de guerra.

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LA FIGURA
El sturmtruppen que ilustra el presente artículo es un clásico en 90 mm. de Andrea Miniatures. Consta de más de una veintena de piezas en metal blanco.


El kit viene con dos cabezas alternativas, una con la máscara antigás puesta y la otra sin ella.
Entre las piezas que lleva “colgadas”: el cortacables grande, la funda de la máscara (abierta y vacía para la opción con máscara y cerrada para la que no la lleva puesta), la pala, dos cantimploras, la bolsa de pan y el fúsil.
El soldado está formado por varias piezas: cuerpo, dos cabezas (la cabeza con la máscara incorporada tiene dos piezas circulares que representan los cristales de la máscara), los brazos, las manos, las piernas y el casco de acero (stalhelm M1916).

En el uniforme verde gris se ve que porta las dos grandes bolsas de lona para las granadas, botas bajas y polainas, asimismo tiene los referidos parches en rodillas y una granada en la mano.

Decidí pintarla con la máscara de gas colocada y ambientarla en una esquina de trinchera de fabricación propia. La pared está fabricada con finos listoncillos de madera y con un hilo de cobre que cuelga a cierta altura que simula el cable del teléfono, el suelo también tiene una serie de listoncillos de madera y ha sido embarrado abundantemente, como corresponde a lugares come este. Hay un banco también de madera que recorre la parte baja de la trinchera; en la pequeña esquina un tejadillo de metal ondulado apoyado en unas vigas protege de las inclemencias del tiempo al material colgado de la pared.

El tramo de trinchera ha sido enriquecido con diversos elementos de diferentes marcas o de fabricación propia, Debajo del banco hay un cajón de madera, una cesta y una botella de metal. Sobre el banco vemos una garrafa de vino del Rin, un queso bávaro, una botella con schnapps, un paquete prismático verde y otro cilíndrico aún con la cuerdecilla del embalaje. Al lado del banco un barril con agua limpia y un cajón grande con dos asas de cuerda para el transporte de munición. En la pared, debajo del tejadillo de metal ondulado encontramos colgados de sendos ganchos una maza artesanal (como las de la edad media) para el cuerpo a cuerpo, una cadena y la funda de la máscara de gas cerrada que traía la figura (por si se utilizaba la cabeza sin protección), En el suelo, apoyado en la pared, un hacha.

En la parte superior de la trinchera, en el inicio de la “tierra de nadie” tenemos un casco británico abandonado, un saco terrero, una botella y trozos de metal y madera.

Los soldados, en ocasiones, ponían nombres a los distintos tramos de trinchera, estos nombres podían ser evocando un recuerdo, satíricos, cómicos, criticando o caricaturizando al enemigo, etc… En el caso de la figura he utilizado letreros azules ribeteados en blanco, como los de las calles en Berlín, con las letras también en blanco. Son los nombres de dos calles en las que ha vivido mi hija en Alemania: Willmandanm y Stahlwerkstrasse.


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World Model Expo 2025
Esta figura fue realizada y presentada en la World Model Expo celebrada en Versalles en el mes de julio de 2025.

Formaba parte del display de la Primera Guerra Mundial realizado por los miembros de la asociación Alabarda.
Cada dos años aproximadamente, en alabarda, elegimos un periodo histórico y durante esos dos años realizamos piezas para presentar conjuntamente en algún concurso. Este es nuestro cuarto display y el de mayor número de piezas.
Anteriormente hicimos otros tres, el primero sobre la época victoriana, el segundo se lo dedicamos a Ámerica siglo XVIII y el en tercero trabajamos el tema de las cruzadas.


Alejandro Labourdette



