Lansquenete

“Relato de los sucesos ocurridos en Bicoca”

Nunca olvidaré aquella mañana en que los suizos aparecieron frente a nuestras defensas en Bicoca.

Corría la vigésimo séptima jornada del mes de abril de 1522, éramos miles de landsknechts bajo el mando Georg von Frundsberg, al servicio del emperador Carlos. Durante la Guerra italiana -1521 a 1526-, nos encontramos en la Lombardía. Al norte de Milán, ocupamos la posición fortificada de Bicoca.

Debemos impedir el avance Francosuizo y para ello, nos hemos desplegado en un altozano, un terreno muy favorable para el ejército de Próspero Colonna. La tierra parece nuestra aliada, da la impresión de estar hecha para protegernos. ¡Los suizos van a sudar si quieren expulsarnos de este lugar! Desplegamos nuestras picas detrás de un profundo terraplén rodeado de zanjas y taludes reforzado con estacas.

En nuestras filas aumenta la tensión al saber que los suizos avanzan hacia nuestra posición. Son veteranos de muchas guerras y batallas -en Suabia, en Italia o en los Alpes-, tan orgullosos ellos como nosotros, nuestra rivalidad es feroz. Nos hemos enfrentado en varias ocasiones. Ellos dicen ser la mejor infantería europea; ¡Hoy van a hacerse conscientes de su error! Les vamos a demostrar que somos mejores. Somos las dos mejores infanterías de Europa, de eso no hay ninguna duda pero, ellos van a quedar los segundos.

Para llegar hasta nosotros deben cruzar una gran zanja y subir por un estrecho talud bajo el fuego constante de los arcabuces españoles y los cañones de la artillería imperial. ¡Van a recibir mucho plomo!

Por la mañana, antes de que el sol terminara de levantar la neblina, vimos avanzar sus densas formaciones, los piqueros suizos se van acercando en su característica formación de bloques cerrados. Con su férrea disciplina y enorme agresividad pretenden doblegarnos. ¡Oh, que gran sorpresa se llevaron! Somos Landsknechts alemanes, hace unas décadas fuimos creados por el gran Maximiliano I a semejanza del modelo suizo, pero con un estilo más flexible y variado.

Desde nuestra posición, detrás de la línea de fuego, se les ve avanzar. Los piqueros suizos no han esperado al resto del ejército francés, avanzan lenta e inexorablemente contra nuestras posiciones fortificadas.

Ni un ápice de duda, sus jefes les exigen un ataque frontal inmediato. No hay titubeos, su ímpetu y obstinación son dignos de admirar. ¡Lástima tener que machacar a esa formidable demostración de los suizos! ¡Qué gran exhibición!

Me encuentro en segunda línea, detrás de los arcabuceros españoles y de algunos de nuestros hombres que defienden la cresta del terraplén. Desde allí puedo ver cómo los suizos avanzan en formación compacta, con sus largas picas apuntando al frente. ¡qué gran valor muestran! La subida es empinada y antes tendrán que cruzar el foso.

El primer estruendo viene de los cañones. Los proyectiles de la artillería estallan entre las filas suizas. La formación de piqueros se resiente, pero no se detiene. El espectáculo es magnífico ¡Impresionante la disciplina la de los suizos! Las salvas rompen su formación inicial, pero se reorganizan y siguen avanzando.

Al llegar a distancia de la arcabucería comienzan los disparos. El humo de la pólvora se acumula tan rápido que por momentos no distinguimos quién continúa la ascensión y quién cae acogiendo el plomo en sus entrañas. El humo invade el campo, se extiende rápido por todo el frente, no se ve bien.

Entre las nubes de polvo y humo vislumbramos algo. Los suizos han alcanzado la zanja, tienen que reordenarse para escalar, en ese momento es cuando la formación se rompe y allí se van a dar de bruces con nuestro muro de picas. Los landsknechts no tenemos que avanzar, dejamos que lleguen hasta nosotros. Nuestra tarea es sostener la defensa y repeler cualquier intento de ruptura.

Autor: Ángel García Pinto

Los suizos ya están muy cerca. Nos asomamos a la cresta del talud y, con las picas, conseguimos impedir sus intentos por ascender. Estamos en una posición defensiva claramente superior. Su ataque es infructuoso, aun luchando con valentía no consiguen doblegarnos, han perdido la cohesión, ya no son una formación compacta y eso hace que también pierdan su fuerza.

En Bicoca no llegamos a cruzar lanzas en campo abierto, como solíamos hacerlo. La lucha fue desigual. Ellos intentaban trepar por un terreno que los obligaba a romper su formación, mientras nosotros les esperábamos desde arriba, defendiendo la posición.

Cada vez que un grupo consigue acercarse lo suficiente, los arcabuceros retroceden y entramos nosotros, empujando con las picas y rematando cuando es necesario.

La combinación de artillería, arcabuceros españoles y piqueros alemanes ha hecho imposible el avance enemigo. No consiguen alcanzar nuestra posición, nuestra ventaja es abismal. Muy posiblemente, acabaremos siendo los vencedores en esta rivalidad.

Parece que el asalto no va a acabar nunca, da la impresión de que llevamos horas luchando. Realmente la tensión duró poco más de una hora; en medio del polvo y el ruido, el tiempo pierde forma. Todo se ralentiza.

Los suizos no parecen creer lo que está sucediendo, gradualmente deben retirarse dejando cientos de muertos enfrente de nuestras líneas. Les va a ser difícil de digerir que sus picas, por culpa del terreno, ni siquiera han llegado a las nuestras. Entonces comprendimos que habíamos vencido sin salir de la posición.

Autor: Augusto Ferrer Dalmau

El odio que nos profesamos, suizos y nosotros, viene de antiguo, ya nos hemos enfrentado en otras ocasiones, pero, nunca con el terreno tan favorable en que nos encontramos.

Aquella jornada acabo por demostrar lo que muchos aún dudaban, las cargas masivas de piqueros, tan gloriosas en décadas anteriores, no pueden imponerse a posiciones fortificadas apoyadas por un fuego sostenido de arcabuces y cañones. La guerra está cambiando, y en Bicoca todos fuimos testigos de ello.

Para nosotros, los landsknechts de Frundsberg, la devastadora derrota que infringimos a los suizos en Bicoca reforzó nuestro prestigio. Éramos conscientes de que la victoria no se sustentó únicamente en la calidad de nuestra tropa, el lugar que defendíamos también jugó un importante papel, el terreno era inmejorable para una buena defensa. Esta batalla consolidó nuestra reputación como tropa defensiva tremendamente eficaz, especialmente si actuamos coordinados con arcabuceros españoles.

Al descender de nuestra posición vimos el campo cubierto de los cuerpos de los suizos, en ese momento fuimos conscientes de que Bicoca iba a ser una batalla recordada no sólo por su resultado militar, sino como un hito del fin de una era: la del dominio absoluto de la pica ofensiva. La formación picas a la carga tenía límites frente a posiciones fortificadas. La combinación de piqueros y arcabucería quedaría como el modelo decisivo en el campo de batalla europeo en décadas posteriores.

La rivalidad suizo-alemana se inclinó ese día a nuestro favor. Los landsknechts. Salimos de la batalla como una de las fuerzas más prestigiosas al servicio de Carlos V, y esa fama que nos ganamos continuaría creciendo.

Muchos hablan de Bicoca como la batalla que terminó con el mito de la infantería suiza. Yo no lo diría así. Los suizos eran soldados formidables; simplemente, ese día el terreno, la artillería y las armas de fuego jugaron a nuestro favor. En esta gloriosa jornada del 27 de abril, nosotros, los landsknechts impusimos una humillante derrota a nuestros eternos rivales. Aún así, siguen siendo un temible rival.

El arcabuz tenía ya más peso en la guerra de lo que muchos querían admitir. Todos aprendimos que la época en que dos masas de piqueros se lanzaban una contra la otra estaba cambiando.

Y yo, que lo viví desde lo alto del terraplén, supe entonces que la infantería europea jamás volvería a combatir de la misma manera. Las batallas modernas de ahora en adelante se desarrollarán mediante la guerra de posiciones cada vez con más tecnología. Matando desde la distancia.

Para nosotros, Bicoca fue una victoria que reforzó nuestra reputación. Pero también fue un recordatorio de que la gloria y la muerte marchan siempre juntas. Cuando abandonamos la posición y caminamos entre los cuerpos suizos, supe que la guerra en Italia seguiría cambiando, y que nosotros tendríamos que cambiar con ella.

Como curiosidad os diré que Bicoca, a partir de este momento, donde la geografía nos ayudo en una gran victoria, adquirirá para la posteridad una nueva definición.

Para ti, persona de dentro de 5 siglos, bicoca se usa como sinónimo de chollo o ganga, algo fácil de conseguir por su poco precio o por su sencilla obtención. Pero recuerda que el originario significado es el de la ciudad del Milanesado en que conseguimos masacrar a los piqueros suizos con muy pocas bajas imperiales. ¡Nuestra victoria fue una Bicoca!

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Después llegaría Pavía en 1525, el año pasado se cumplió el 500 aniversario del momento en que Francisco I cayó prisionero. Como recordatorio de este evento el Museo del Ejército de Toledo ha organizado una exposición titulada “Pavía 1525”.

Allí estuvimos, el pasado 31 de enero unos cuantos alabarderos.

Quedamos temprano en Zocodover para empezar el día con un cafetito y churros, tostada, croissant…. según gustos. Siempre hay que empezar con energía las duras jornadas de turismo asociativo.

La exposición chiquita pero coquetona, piezas curiosas, cuadros y paneles explicativos te transportan a la época comentada.

Cuando salimos de allí un recorrido por ese Toledo siempre tan agradable de pasear, y agotados a reponer fuerzas con un vermut que ya va siendo hora.

La comida en el restaurante Plácido, muy recomendable. Bien situado, precioso patio histórico y viandas de calidad acompañadas de buena charla, bromas y chascarrillos.

Después de comer la consabida y obligada compra de ricos mazapanes de Santo Tomé y despedida de algunos alabarderos.

Los que aún quedábamos por el lugar, otro paseíto, alguna iglesia y el entierro del conde Orgaz. Punto final de una muy agradable jornada y, cada mochuelo a su olivo que ya va siendo hora y está empezando a llover.

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La figura

Es un Lansquenete, extraordinariamente modelado por Antonio Zapatero para los cursos impartidos por uno de nuestros mejores pinceles, Roberto Ramírez.

En el curso que nos impartió Robert, gran maestro y amigo alabardero, aprendimos muchas cosillas y trucos que nos ha permitido, a todos los que asistimos, mejorar nuestra calidad pictórica.

La figura que acompaña este artículo no es la mejor, ni la peor de las que allí salieron. Simplemente es la que yo acabé.

Espero que hayáis pasado un pequeño buen rato con este breve relato.

Alejandro Labourdette