La poderosa luz de la luciérnaga

  • Carro: Asuka
  • Figuras : Alpine
  • Pinturas: Tamiya, óleos y tintas

Antiguamente les apodaban «Donkey Walloper», arrogantes y elitistas regimientos de caballería británica que cargaban, arrogantes, con sus sables al viento. 

Pero hoy estamos en el  «bocage», donde la luz normanda se filtra entre impenetrables y centenarias lindes vegetales. Es el verano de 1944, y funestas sombras acechan confiadas en su  acero de Krupp, cincelado por expertos ingenieros teutones. Los zarpazos de los felinos germanos son demoledores, y su piel impenetrable para los débiles Sherman de los Donkey Wallopers. El tanque Tiger se vislumbra como un monolito inamovible de acero en la verde penumbra normanda: sus placas de 120 mm, y su cañón de 88 mm apunta con la calma de un profesional verdugo que ya ha medido el cuello de su víctima. El Panther, algo más ágil y traicionero, se mueve con más gracia felina: 80 mm. de blindaje frontal inclinado a 55°, capaz de desviar proyectiles como el escudo del Capitán América. 

Ambas  máquinas germánicas dominan la física y la geometría: a 1000 metros, el 88 mm penetra165 mm de blindaje a 30°. El 75 mm. del Panther, 85 mm. Frente a ellos, el Sherman de 75 mm. parece el hombre de hojalata del Mago de Hoz, lanzando bolas de nieve.

Los aliados tiemblan al oír el rumor grave de los motores de estas bestias acorazadas germanas, imaginando a sus cristalinas ópticas destellando con anticipada malevolencia: los Shermans resultan fáciles blancos de verbena.
El primer aviso de la presencia de los todopoderosos tanques alemanes era  la fulminante destrucción del  tanque que lidera la columna (o incluso de los tres primeros…). «Run away right now», vamos, que salgas de najas, ya…!!, gritaban las radios británicas. O » Send me an Angel…», porque había un ángel de la guarda con ánima de artillería que acudía al nombre de «luciérnaga», en lengua de Shakespeare, Firefly.

 Los alemanes lo llamaban “el cañón del diablo”. Más que un tanque, el Firefly parecía un ángel vengador, un hechizo desesperado enviado por el mago Merlín en auxilio de la Pérfida Albión: su poderoso cañón, el Ordnance QF 17-pounder, de 76,2 mm y 55 calibres de longitud, asoma cual afilada Excalibur oscura y esbelta: 4,5 metros de acero que sobresalen del perfil del débil Sherman como una promesa de fuerza. Cuando dispara, el fogonazo es un fenómeno casi sobrenatural: una llamarada de magnesio blanco-violeta de casi dos metros de longitud, un estallido de 3000 kelvins que ciega al propio artillero durante fracciones de segundo y deja en la retina un negativo ardiente, brillante luz en forma de lumínica estela, al que el cañón le debe su apodo. El  brutal retroceso de 15 toneladas del Firefly parece encoger al Sherman; la onda de choque dentro del habitáculo hace vibrar los huesos y expele abundante olor a cordita quemada y metal recalentado.

Con munición APCBC, el 17 libras perforaba 170 mm a 100 metros, y con munición APDS, aun más, alcanzaba 230 mm. a 1000 metros, suficiente para atravesar el frontal de los poderosos blindados alemanes como cuchillo penetra en  la manteca. Cada disparo es una ecuación resuelta en el aire: velocidad inicial de 1200 m/s, trayectoria casi plana, impacto que convertía la pila de munición almacenada en las entrañas de las fieras germanas en funesta bola de fuego a 2000 grados. En el interior del Firefly el cargador suda copiosamente alimentando a la irascible luciérnaga, introduciendo los pesados proyectiles de 12 kg en la recámara, el artillero ajusta la mira telescópica TZF 3x con sus dedos temblorosos, mientras el comandante otea el peligro con la cabeza fuera de la cúpula, ojo avizor que  respira humo y miedo…

El fulgor del cañón no era solo un destello que el mismo Shakespeare podría haber bautizado poéticamente, con su popular sobrenombre; era la luz que devolvía la proporción al universo, un autentico «equalizer», como diría John Wayne: por un instante, el Tiger dejaba de ser un Goliat de 57 toneladas, y el Panther ese arrogante espectro de coraza inclinada, y se convertían en vulnerable física. El destino y la  ciencia balística, habían elegido el bando aliado. Así, entre el barro que devoraba las orugas y los setos que ocultaban a cazador y presa, en Normandía el Firefly combatía con su luz: precisa, mortal, luz vengadora, una luz que no perdona. Una luz que recuerda, en el silencio posterior al estruendo, cuando solo queda el crepitar del metal ardiendo y el latido acelerado dentro del casco, que incluso los tanques más poderosos pueden ser reducidos a cenizas si una portentosa luciérnaga decide encender su luz, durante un segundo eterno, brillar con la intensidad del sol, diminuta pero irascible.

Así lo he percibido yo, mientras con  mis pinceles, mi aerógrafo, mis óleos, mis pigmentos, mis tintas, y mi paciencia.., convertían el  anodino poliestireno en una evocación normanda.

¿Que cómo apliqué todo eso? Lo sabéis de sobra…, y muchos, mejor que yo. Ah…se me olvidaba, la maqueta es de la marca ya indicada, la japonesa «Asuka», de lo mejor si elegís un Sherman, pues produce prácticamente todas las versiones. Los tripulantes son de la marca «Alpine Miniatures». 

José Antonio Fernández Mayoralas