Batalla de las Navas de Tolosa. La carga de los Tres Reyes

Introducción

En un país como el nuestro dónde la polarización y la confrontación territorial están a la orden del día, me parecía acertado representar una escena en la que un objetivo compartido, como era conjurar la amenaza de la invasión almohade, fuese capaz de movilizar y vertebrar una alianza de los reinos cristianos de Castilla, Aragón y Navarra que se enfrentase a la misma. Si bien en la alianza no entró el reino el León por sus desavenencias con el rey de Castilla, ni Portugal, si es cierto que ambos reinos permitieron la participación de caballeros y peones que se pusieron a las órdenes del rey de Castilla..

Hay dos hechos de gran trascendencia con los que se inicia el siglo XIII en la Península Ibérica. El primero de ellos, la derrota de los almohades en las Navas de Tolosa (1212), supuso el desmantelamiento del imperio norteafricano que hizo posible los avances de castellanos, leoneses y portugueses hacia el Sur. El segundo fue la derrota y muerte de Pedro el Católico de Aragón en la batalla de Muret, que obligó a catalanes y aragoneses a salir de Occitania y buscar la expansión por los dominios islámicos.

La reconquista desde mediados del siglo XII y la batalla de las Navas de Tolosa, vive tres momentos de enorme significación. En el primero de ellos, el avance cristiano aprovechó la debilidad de las taifas almorávides para incorporar entre 1158 y 1190 buena parte de los territorios situados al norte de Sierra Morena y al este de Gúdar-Javalambre (al sureste de la provincia de Teruel) y de Aledua (Valencia) y hacia el sur del Tajo en lo que acabará siendo Portugal. El segundo vendrá marcado por la reacción del Imperio almohade que unifica nuevamente al-Andalus y logra frenar la ofensiva cristiana en la batalla de Alarcos (1195). El último, entre 1199 y 1212 que es el de la recuperación cristiana que buscó recuperar las zonas perdidas en el tramo portugués y las posiciones adquiridas en los pasos de Sierra Morena así como la ocupación de las tierras más cercanas al reino de Valencia. Es en este contexto cuando tiene lugar el enfrentamiento entre las tropas cristianas y las almohades en el puerto de Despeñaperros y que a la postre resultó en la victoria cristiana en las Navas de Tolosa.

Batalla de las Navas de Tolosa. Francisco de Paula Van Halen

Dicha victoria sirvió para consolidar las victorias anteriores y para emprender otras por el valle del Guadalquivir y la vertiente levantina.

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La Campaña de 1212

al-Nasir

Los avances cristianos realizados a partir de 1209 y concretamente la conquista por parte de tropas castellano-aragonesas del noroeste de Valencia (Ademuz) fue el que decidió al califa almohade al-Nasir (Miramamolín en las crónicas cristianas) a proclamar la yihad, convocar a sus tropas y atravesar el estrecho de Gibraltar.

Tras reunir sus tropas en Sevilla, al-Nasir eligió como primer objetivo la fortaleza de Salvatierra (Ciudad Real) ya que la consideraba una espina en pleno territorio musulmán. El asedio comenzó en julio de 1211 y la orden aguantó hasta septiembre, sirviendo dicha resistencia para contener al ejército almohade pero sobre todo para alimentar entre los reinos cristianos un clima de guerra santa contra los sarracenos.

La caída de Salvatierra exigía una respuesta inmediata dado que la ciudad de Toledo quedaba expuesta a la ofensiva almohade. Esto hecho explica que Alfonso VIII, que hasta entonces había permanecido a la defensiva, pase a tomar la iniciativa y decidiera iniciar los preparativos para una gran campaña que tendría lugar en el verano de 1212 con el objetivo de aniquilar la capacidad militar almohade.

Alfonso VIII movilizó a todo el reino desde otoño de 1211, consiguiendo del papa Inocencio III una bula de cruzada que fue dirigida al clero francés y provenzal, concediendo la remisión de los pecados a quienes ayudaran al rey de Castilla. El arzobispo de Toledo Rodrigo Jiménez de Rada inició un viaje por tierras francesas y alemanas consiguiendo reclutar numerosas tropas sobre todo en Provenza y Languedoc.

Alfonso VIII de Castilla

La fecha de concentración de los cruzados se fijó para el 20 de mayo en Toledo, y ya desde febrero comenzaron a llegar tropas de fuera de la península a las que se denominó ultramontani. Eran voluntarios procedentes Poitou, Anjou, Bretaña y Aquitania al mando del arzobispo de Burdeos y el obispo de Nantes. En mayo llegó el contingente franco-provenzal al mando del arzobispo de Narbona, Arnau Almaric quien a su paso por Navarra consiguió que el rey Sancho VII se uniera a la cruzada. Se calcula que las tropas procedentes de fuera de la Península Ibérica podrían alcanzar los doce mil hombres, una cifra equivalente al de las tropas hispanas. Las milicias concejiles de Castilla y las tropas del rey de Aragón llegaron a Toledo a Finales de mayo.

En el otro lado, el califa al-Nasir llamó de nuevo a la yihad y convocó a sus tropas. Se calculan en más de veinte mil hombres el contingente almohade movilizado para la batalla. El califa avanzó hasta Jaén y esperó a que el calor, la falta de agua, las rivalidades entre los contingentes cristianos y la resistencia de los castillos y fortalezas musulmanas debilitasen al ejército cristiano.

Los cruzados salieron de Toledo el 20 de junio divididos en tres contingentes, los ultramontanos, al mando del Señor de Vizcaya, Diego López de Haro; los aragoneses y catalanes bajo el mando de Pedro el Católico y los castellanos al mando de Alfonso VIII.

Alfonso II de Aragón

El 24 de junio los cruzados tomaron la primera fortaleza musulmana que encontraron en su camino el castillo de Malagón, donde la guarnición fue masacrada.

El siguiente objetivo era la fortaleza de Calatrava. El alcaide de la fortaleza temiendo la masacre, negoció la rendición de la plaza.

Dos días después de tomar la fortaleza, los ultramontanos abandonaron la cruzada a causa del calor, de la falta de suministros y de las negociaciones con los musulmanes, alegando que vinieron a combatir en una batalla y no a conquistar castillos.

La rápida caída de Calatrava disgustó al Miramamolín, quien mandó ejecutar al alcaide que rindió la plaza, si bien al saber que el contingente ultramontano había abandonado la campaña, ganó confianza para avanzar hasta Sierra Morena.

Por fin el rey de Navarra, Sancho VII y sus caballeros, se unieron en Calatrava con las tropas del Rey de Aragón.

Sancho VII el Fuerte, Rey de Navarra.

TTras reunirse los tres reyes en Salvatierra decidieron continuar hacia el sur, donde alcanzaron la vertiente septentrional de Sierra Morena.

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La Batalla

El día 16 de julio los cruzados comenzaron a formar en la madrugada al pie de la llamada Mesa del Rey. Durante dos horas las tropas procedieron a desplegarse según el orden de batalla decidido en los días previos.

Los castellanos formaron en el centro, comandaba la vanguardia Diego López de Haro, el conde Gonzalo Núñez de Lara con las tropas de las órdenes del Temple, el Hospital y Calatrava en el centro. En la tercera línea se situó el rey Alfonso VIII.

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Fuente: Desperta Ferro © Jorge Martínez Corada.

La parte izquierda la ocupa el ejército del rey de Aragón, cuya delantera la comandaba García Romeu, a la zaga el rey Pedro el Católico acompañado de nobles catalanes como el conde de Sunç, el conde de Ampurias, Hug IV y los vizcondes Gullem de Cardona y Jofré Rocabertí, entre otros. Estas tropas estaban reforzadas con milicias castellanas procedentes de Cuéllar, Sepúlveda, Burgos y Talavera.

En el ala derecha del ejército cruzado están los hombres del rey de Navarra, un ejército más reducido reforzado por las milicias de Segovia, Ávila y Medina del Campo.

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A las 9:00 las vanguardias del castellano Diego López de Haro y el aragonés García Romeu, se lanzaron sobre los musulmanes y se encontraron con la caballería árabe y turco-kurda. Tras aguantar el hostigamiento de una caballería que atacaba con proyectiles y luego retrocedía, siguieron avanzando y dieron de frente con el grueso del ejército almohade. El avance de las tropas cristianas era cuesta arriba y algunas tropas cristianas tardaron en llegar al combate desgastadas por los combates previos y por el agotamiento de la subida. Los cuerpos centrales cristianos, que iban inmediatamente detrás de los de vanguardia entraron en combate produciéndose un gran enfrentamiento cuerpo a cuerpo.

1212. Las Navas de Tolosa. Jesús Cano de la Iglesia

Las tropas musulmanas aprovechando su superioridad numérica, intentaron romper las formaciones laterales y envolver a los cruzados, pero la estrechez del terreno y los peones reforzando a la caballería impidieron la operación.

La lucha se mantuvo equilibrada hasta que al mediodía la presión y la superioridad numérica de las tropas califales debilitaron de forma relevante a las tropas cristianas. El momento crítico comenzó cuando las tropas castellanas abandonaron el combate, dando la impresión de ejército en desbandada.

La carga de los tres reyes. Augusto Ferrer-Dalmau

Mientras el combate continuaba, las tres retaguardias cristianas se mantenían intactas. Viendo que la grieta entre las tropas cristianas anunciaba la posibilidad de que la batalla finalmente se perdiera, los reyes de Castilla, Aragón y Navarra ordenaron un último ataque. Así, la caballería de los reyes avanzó primero al trote y luego al galope. En ese momento las tropas musulmanas al ver los estandartes reales iniciaron la retirada. Los cruzados deshicieron a las tropas almohades y ascendieron por el cerro de los Olivares hasta el campamento del Miramamolín, situado en la cima.

Las tropas cristianas rodearon la posición del califa donde los reyes Sancho VII y Pedro el Católico envolvieron a lo que quedaba del ejército almohade que quedó finalmente derrotado.

Como anécdota hay que mencionar que una vez asaltado el “palenque del Miramamolín” el rey de Navarra, Sancho el fuerte, diría posteriormente que él rompió las cadenas que protegían el palenque y las hizo representar en su escudo como símbolo de la victoria.

El triunfo de la Santa Cruz en la batalla de las Navas de Tolosa. Marceliano Santa María Sedano

El califa al-Nasir huyó con algunos jinetes hacia Úbeda y Jaén.

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La escena

La escena representa el momento en que los tres reyes inician la carga y comienzan la ascensión por el cerro de los Olivares que finalmente los llevará hasta el campamento del califa almohade al-Nasir.

Las figuras son de la marca “Reconquer Designs” y están impresas en 40 mm.

La parte que más trabajó llevó fue la de la pintar las gualdrapas de los caballos de los reyes de Aragón y Navarra. Primero los imprimé todos con black primer de Vallejo y procedí a aerografiar el caballo del rey navarro con Antares red (sc. 37); posteriormente le di las luces con una mezcla de Aldebaran red (sc. 38) y Mars Orange (sc. 39). Las sombras las dí aerografiando desde abajo con Deep red (sc. 35). Todas son referencias de Scale 75. La misma mezcla utilicé en la sobrevesta del rey de Navarra.

Para las barras del caballo del rey de Aragón procedí a enmascarar y aerografiar luces y sombras primero en amarillo con el set de Andrea nº 6 y luego en rojo con set de rojos también de Andrea.

Las partes metálicas no revisten ninguna dificultad y está realizadas con las referencias X-10 y X-11 de Tamiya a las que posteriormente les doy un lavado con acrílico negro muy diluido. 

Pedro Heras