A todo cerdo le llega su San Martín. La Raya, Badajoz, 1940-50.

En 2021 tuve ocasión de asistir al primer concurso organizado por la Asociación de Modelismo Estático de Badajoz, AMEBA, celebrado en la localidad de Olivenza. Olivenza dista del pueblo de mis padres unos 30 km. y ya que tuve que posponer un viaje con mis padres a visitar, por desgracia para mi padre, por última vez su pueblo, Barcarrota, en la provincia extremeña de Badajoz, cuna del descubridor del río Misisipi, Hernando de Soto, aproveché para ir al concurso y llevar a mis padres. Ese viaje fue bastante ajetreado en lo personal: un pinchazo en el coche, un percance con mi padre y un atasco de ovejas, pero muy positivo en lo modelístico, llevándome el BOS del concurso. Pues bien en el inesperado atasco que produjeron las ovejas en la carretera que va de Olivenza a Barcarrota disfrutando del magnífico paisaje de la dehesa Extremeña, me vinieron a la mente los recuerdos de mis vacaciones veraniegas de cuando era pequeño y en ese momento decidí que tenía que hacer algo para honrar a mis padres y abuelos, así como a todos los extremeños, una tierra de hombres y mujeres que, dado el olvido de los diferentes mandatarios de este país, tuvieron que buscarse el pan fuera de su lugar de origen.

Barcarrota (Badajoz)

La escena

Tenía claro que la escena estaría encuadrada al poco del final de la Guerra Civil española, entre los años 40 y 50 del pasado siglo. En ese momento el hambre en toda España y especialmente en Extremadura, era la tónica habitual debido a la devastación propia de la GCE, a la Segunda guerra Mundial y al aislamiento español tras la finalización de ésta impuesto por el resto del mundo a la dictadura del General Francisco Franco. Este, ante el aislamiento internacional, instauró lo que se llamó la autarquía.

La zona del pueblo de mis padres está relativamente cerca de la frontera de Portugal y en toda ella se dio el fenómeno del contrabando; recuerdo de pequeño oír en el pueblo llamar a esto como estraperlo, con el país vecino. La frontera entre España y Portugal se conoce popularmente como La Raya y el cuerpo responsable de la seguridad era en aquella parte del país era la Guardia Civil.

Con la premisa de basarme en lugares conocidos, básicamente el pueblo de Barcarrota y Almendral, donde reside una de mis tías, me puse a darle vueltas a la cabeza. Ya tenía la figura del Guardia Civil perteneciente a la serie modelada por Antonio Meseguer sobre este cuerpo con lo que solo me faltaba encontrar otra figura para que la acompañase. Cuando se hizo una viñeta basada en el cuadro de Augusto Ferrer-Dalmau, El Saludo, y vi la figura del abuelo, le pedí a Paco dos copias de esa figura.

Como esta escena es algo muy personal me dispuse a modificar la figura del abuelo para asemejarlo como vestía mi abuelo materno, Manolo, que tenía unos 40-50 años en esa época. Miguel Ángel Pérez me proporcionó una cabeza para cambiarla a la que le modelé el sombrero basándome en el que se había puesto toda la vida mi abuelo (aún recuerdo a mi madre diciendo «Elías trae la mascota, así llamaban a ese sombrero, al abuelo»). Basándome en fotos de joven le modelé también el jersey y la camisa y le pinté pantalón para que pareciera de pana. La pistola es una Campo Giro, reglamentaria durante la guerra Marruecos. Posiblemente nuestro paisano se la trajo de recuerdo tras haber estado combatiendo allí.

Indispensable en esta escena el animal extremeño más conocido en el mundo, el cerdo negro ibérico. Estos los tenía desde hacía muchos años comprados en el concurso de Torrent, más uno de Tamiya.

Otra cosa que no podía faltar era el árbol bellotero; me decanté por un Alcornoque descorchado que modelé desde cero en recuerdo a mi José Luis, un artista del corcho. Me encantaba ir a su doblao donde tenía su pequeño taller y recuerdo las fiambreras, las jaulas para grillos y los aviones y figuras que hacía con el corcho.

Tampoco podía faltar un muro de piedra que separaban los huertos y las tierras, de esos con los que mi padre se tuvo que ganar la vida construyéndolos desde muy joven para sacar adelante a su madre y hermanos pequeños, por el extraño fallecimiento de mi abuelo, paterno, cuando el solo tenía catorce años.

Así tenemos aquí en este momento de la viñeta a un paisano “cogiendo prestado” un gorrinillo para dar de comer a su familia, a los gorrinos y al sufrido cabo de la Guardia Civil.

Y sin entrar en más consideraciones esto es un homenaje a Extremadura y sus gentes, en especial a Barcarrota; a los cerdos ibéricos, que están buenos hasta en sus andares y a la Guardia Civil. Será el espectador de esta humilde obra quien decidirá el “Cerdo” que muere.

Espero que os guste y hasta la próxima.

Elías Ríos